Carcajada Inútil
como este payaso que logra fusionar su temor con risa,
su vacío con aplausos,
su ansiedad con aprobación.
Reía sin parar,
de pronto, para no mirarse,
para no escucharse,
para no ser el centro de atracción.
¿Parecía inútil su carcajada?
Sí, pero lo acariciaba.
Lo llevaba a paisajes imponentes y coloridos,
al jolgorio embriagante de la imaginación, donde podía dibujar sin ser juzgado,
a la excitación que le producía la mujer amada,
a la mirada profunda de su madre ausente,
a la misma carcajada del niño
que, por supuesto, le sonaba diferente,
pero lo hacía volver a nacer.
Nacer para encarnar otra carcajada,
irónica por el dolor,
pero sincera por el amor.
Sin embargo, él seguía preguntándose mil veces:
¿Sigue siendo inútil la carcajada?